Llega un punto en toda sesión en el que dejas de oír la canción. Llevas cuatro horas con ella, tu oído se ha adaptado y ya no sabes si el bombo pega demasiado o si te has quedado corto. Un analizador no sustituye a tu criterio, pero sí te da una referencia objetiva justo cuando más la necesitas.
Sube tu mezcla, elige el género y la herramienta reparte la energía en siete bandas —de los sub graves al aire— y la contrasta con el rango habitual de ese estilo. Todo ocurre en tu navegador: el archivo no se envía a ningún servidor.
No existe una curva correcta universal. Un reggaetón tiene mucha más energía por debajo de 100 Hz que un tema de folk, y un lo-fi renuncia al aire por encima de 10 kHz a propósito. Comparar tu mezcla contra un patrón genérico lleva a corregir cosas que no estaban rotas: por eso el análisis se hace siempre contra el rango de un estilo concreto.
Decirte de qué pista viene el problema. El medidor ve la suma; tú tienes que localizar el culpable. Esa es exactamente la habilidad que se entrena escuchando y decidiendo: reconocer una resonancia y dónde está en EQ Surgeon, identificar qué instrumento ocupa cada franja en Frequency Drop y elegir la herramienta correcta ante un problema real en el diagnóstico de mezcla.
Es una herramienta que mide cómo se reparte la energía de tu canción entre las distintas franjas del espectro y la compara con lo que es habitual en tu género. No te dice si la canción es buena: te dice si te sobran graves, si los medios están huecos o si falta aire, que son las decisiones que más cuesta juzgar cuando llevas horas escuchando lo mismo.
No. Todo el análisis ocurre dentro de tu navegador con la Web Audio API: el archivo se decodifica y se mide en tu propio equipo, y no se envía a ningún sitio. Puedes analizar material sin publicar sin que salga de tu ordenador.
MP3, WAV, OGG y FLAC, hasta 50 MB por archivo. Para una canción completa, un MP3 de buena calidad o un WAV corto entran de sobra.
Siete: sub graves (20-60 Hz), graves (60-250 Hz), medios bajos (250-500 Hz), medios (500 Hz-2 kHz), medios altos (2-5 kHz), agudos (5-10 kHz) y aire (10-20 kHz). Cada una se compara con el rango típico del género que elijas entre electrónica, hip-hop, pop, rock, lo-fi, latin y acústica.
Antes de tocar el EQ del máster, busca de dónde vienen. Casi siempre es un instrumento concreto —el bombo y el bajo ocupando la misma franja, o una guitarra con demasiado cuerpo— y no la mezcla entera. Corregirlo en la pista culpable suena mucho mejor que aplicar un corte general al final de la cadena.
Sí: un análisis completo gratis cada día, sin registro. Si necesitas más de uno el mismo día, Pro quita el límite. Además, tras el análisis puedes pedir el informe completo por email.
Un análisis no arregla nada por sí solo, y conviene decirlo: una medida fuera de rango no es un error, es una pregunta. Puede que te sobren subgraves o puede que el género que has elegido como referencia no sea el tuyo. Lo que hace útil el informe es compararlo con lo que ya sospechabas al escuchar, no sustituir la escucha por el número.
El orden para actuar es el mismo de siempre: primero balance, después frecuencias, y el loudness al final. Corregir el LUFS de un máster cuyo balance está mal no arregla el balance: lo sube de volumen.
Qué significan de verdad los LUFS y el true peak, y por qué subir el volumen no gana nada en streaming, está en la guía de LUFS y loudness. El proceso completo del máster, en la de masterización, y cómo elegir con qué compararte, en la de temas de referencia.