Lo barato habría sido generar material de práctica a medida: loops limpios, sin solapamientos incómodos y con cada elemento en su sitio. El problema es que ese material no enseña a mezclar, porque en él no aparece ninguno de los conflictos que hacen que mezclar sea difícil. Una guitarra sintética nunca se pelea con la voz; una guitarra grabada en un cuarto real, siempre.
Por eso los ejercicios usan canciones de artistas independientes reales, con sus stems separados: con su ruido de sala, sus decisiones de arreglo discutibles y sus elementos peleándose por la misma franja del espectro. Es material más incómodo de practicar y es exactamente el que enseña algo transferible.
Y se paga por ella. Un catálogo de música independiente usado como material didáctico es, para el artista, otra plataforma donde suena su trabajo: cada reproducción dentro de Fix The Mix genera royalties reales, y la cifra acumulada es pública en esta misma página. No es un gesto, es la condición para que tenga sentido pedirle a alguien los stems de su canción.
Estas canciones son las que suenan en los ejercicios que trabajan sobre material completo, como Mix Space y Stem Stacker.