La armonía se suele enseñar como una lista de reglas: qué grados van con cuáles, qué cadencia resuelve dónde. Funciona para aprobar un examen y no tanto para escribir, porque lo que decide si una progresión emociona no es que cumpla la regla, es cómo suena el paso de un acorde al siguiente.
Chord Cosmos le da la vuelta al orden. Los acordes están dispuestos en un anillo donde los que comparten notas —y por tanto suenan naturales seguidos— quedan próximos entre sí. Colocas acordes en la pista, la escuchas en bucle y decides con el oído. Acabas reconociendo por qué ciertas combinaciones funcionan antes de saber cómo se llaman.
Cambiar de instrumento no es decorativo: la misma progresión ocupa una zona distinta del espectro según con qué la toques, y eso cambia qué sitio le queda al resto. Un acorde en piano llena los medios; el mismo acorde en pad se extiende y compite con la voz. Alternarlo mientras suena en bucle es la forma más rápida de notarlo.
Esa relación entre timbre y espacio disponible es la que gobierna una mezcla entera, y está explicada banda por banda —con cada zona audible— en la guía de rangos de frecuencia. Como referencia con la que comparar al oído tienes el piano online.