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Rangos de frecuencia: qué vive en cada banda del espectro

De los 20 Hz a los 20 kHz, banda por banda: qué instrumento ocupa cada zona, qué problema aparece en cada una y qué hacer cuando sobra o falta.

El mapa antes que las herramientas

Casi todo el mundo aprende a mover un ecualizador antes de saber qué hay al otro lado de la perilla. Es un orden razonable —se aprende tocando— pero explica por qué mucha gente lleva años haciendo el mismo gesto sin saber por qué a veces funciona: sin un mapa del espectro, ecualizar es probar. Con él, es decidir.

El oído humano cubre aproximadamente de 20 Hz a 20 kHz, y esa cifra alta baja con la edad: a los cuarenta años mucha gente ya no pasa de 15 o 16 kHz. No es una tragedia para mezclar, porque casi ninguna decisión importante vive ahí arriba, pero conviene saberlo antes de subir un realce de brillo que no oyes y que sí oirá el resto.

Banda por banda

ZonaQué vive ahíCuando sobraCuando falta
20–60 Hz · SubgraveCuerpo del bombo, fundamental del bajo de 5 cuerdas, sintetizadores gravesRetumbe, el limitador trabaja sin que se oiga nadaSuena delgado en equipos grandes; en portátiles no se nota
60–160 Hz · GraveFundamental del bombo y del bajo, cuerpo de la caja y del tom gravePesado, apelmazado, el bajo se come la mezclaSin potencia ni empuje, la base rítmica no sostiene
160–400 Hz · Medio-graveCuerpo de guitarras, piano, voces masculinas, calidez generalBarro: la zona donde más cosas se solapan sin quererMezcla hueca, con graves y agudos pero sin nada en medio
400 Hz–1 kHz · MedioFundamentales de casi todo, el cuerpo de la vozSonido nasal, acartonado, «de teléfono»Se pierde el peso de la voz y la mezcla se descosen
1–4 kHz · Medio-agudoInteligibilidad de la letra, ataque de percusión y púaDuro, agresivo, cansa a los diez minutosLa voz no se entiende aunque esté alta
4–10 kHz · AgudoPresencia, sibilantes, brillo de platosSibilancia, filo, fatiga auditivaApagado, como con una manta encima
10–20 kHz · AireSensación de espacio y de grabación caraRuido de fondo y siseo realzadosCerrado, pero rara vez es el problema principal

Léela como un punto de partida para saber dónde mirar, no como una receta. La misma guitarra puede necesitar cuerpo a 200 Hz en una balada y estorbar exactamente ahí en un tema con teclados: lo que decide no es el instrumento, es qué más está sonando al mismo tiempo.

El problema no es una banda: es el solapamiento

Cuando una mezcla suena mal, el reflejo es buscar la frecuencia culpable. Casi nunca la hay. Lo que suele ocurrir es que cinco elementos ocupan la misma franja con la misma energía y ninguno destaca — el efecto es de suciedad, no de exceso puntual. Por eso subir el volumen de la voz no la hace entenderse: si el sitio donde vive su inteligibilidad está lleno, entra más fuerte pero igual de confusa.

La forma de comprobarlo cuesta un minuto: silencia todo menos dos elementos que sospeches y escúchalos juntos. Si por separado suenan bien y juntos se ensucian, ya sabes dónde están peleando. Ese diagnóstico por parejas es más rápido que cualquier análisis del bus general.

  • Bombo y bajo se pelean casi siempre entre 60 y 120 Hz. Es el caso más común y tiene su propia guía.
  • Voz y guitarra rítmica compiten entre 2 y 4 kHz, que es donde ambas tienen su presencia.
  • Caja y voz se cruzan en torno a 200 Hz por el cuerpo, y otra vez a 3 kHz por el ataque.
  • Platos y sibilantes de la voz comparten los 6–8 kHz: si has abierto los agudos del bus de batería, la voz sisea sin que la hayas tocado.

Cómo se aprende a reconocerlas

Reconocer una frecuencia de oído no es un don: es memoria, y se entrena como el vocabulario de un idioma. El método que funciona es aburrido y corto — escuchar un realce estrecho en una zona conocida, retirarlo, volver a ponerlo y quedarse con el color que aporta. A las pocas semanas empiezas a nombrar zonas antes de tocar nada, y ahí es donde la mezcla se acelera de verdad.

Aquí tienes dos formas de practicarlo sin montar nada: el EQ Surgeon, que te hace localizar la banda realzada en material real, y el analizador de mezcla, para contrastar lo que crees oír con lo que hay medido. Si prefieres una rutina ordenada, está en la guía de entrenamiento auditivo.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas bandas hay realmente?
Ninguna, en el sentido estricto: el espectro es continuo y las divisiones son un vocabulario que usamos para entendernos. Lo útil es que cuando alguien dice «hay barro en los medios-graves» todos miren más o menos a la misma zona. Las fronteras que verás aquí y en otros sitios varían en 20 o 30 Hz según quién las escriba, y no pasa nada.
¿Por qué mi mezcla suena bien en auriculares y mal en el coche?
Casi siempre por el reparto de graves. Los auriculares reproducen los subgraves con facilidad y una sala pequeña no, así que cada sistema te enseña una parte distinta del mismo problema. Escuchar en varios sitios no es manía: es la forma barata de detectar qué zona está descompensada.
¿Qué frecuencia corto para quitar el barro?
El barro suele vivir entre 200 y 500 Hz, pero cortar ahí en todas las pistas por sistema deja la mezcla delgada y sin cuerpo. Lo que funciona es identificar qué pistas concretas se solapan en esa zona —normalmente demasiadas a la vez— y aliviar solo las que no dependen de ella.
¿Y si no oigo los subgraves en mi equipo?
Es lo normal con altavoces pequeños o portátiles: por debajo de 60 Hz sencillamente no reproducen. La solución no es adivinar, es mirar un analizador para saber qué hay ahí y comprobar la mezcla en auriculares, que sí bajan. Trabajar a ciegas en esa zona es como corregir un color con la luz apagada.
¿Existe una curva ideal para todas las mezclas?
No. Hay tendencias por género —el hip hop soporta mucha más energía por debajo de 80 Hz que el folk— pero una curva objetivo se usa como referencia, no como destino. Dos discos excelentes del mismo estilo pueden tener repartos bastante distintos.