Delante de un ecualizador hay dos formas de trabajar. Una es mover cosas hasta que suene mejor, que funciona a veces y no enseña nada. La otra es oír el problema, saber en qué zona está e ir directo. La diferencia entre las dos no es talento: es tener un mapa del espectro lo bastante interiorizado como para que la pregunta «¿dónde está eso?» tenga respuesta antes de tocar nada.
Frequency Drop entrena ese mapa por asociación en vez de por memorización: te da un instrumento y tienes que soltarlo en su franja. Son 7 zonas —SUB-BASS (20–60 Hz), BASS (60–250 Hz), LOW-MID (250–500 Hz), MID (500 Hz–2 kHz), HIGH-MID (2–6 kHz), HIGH (6–12 kHz), AIR (12–20 kHz)— y 15 instrumentos, desde el bombo hasta el shaker, y la gracia es que después de unas partidas dejas de pensar en números y empiezas a pensar en sitios.
Casi ningún instrumento vive en un solo sitio, y el juego lo refleja: cada carta tiene una zona perfecta y otras aceptables. Una caja tiene el cuerpo abajo y el chasquido en MID (500 Hz–2 kHz); un piano es el instrumento con el rango más ancho de todos y por eso acepta cuatro zonas distintas. Acertar la zona perfecta puntúa más, pero una respuesta razonable no te hunde, porque en una mezcla real tampoco lo haría.
El mapa completo, banda por banda y con cada zona escuchable, está en la guía de rangos de frecuencia. Qué hacer con lo que encuentres, en la guía de ecualización, y el plan por semanas para el oído entero, en entrenar el oído. Cuando lo tengas claro, el siguiente ejercicio es cazar la frecuencia exacta de oído en EQ Surgeon.