El problema de aprender plugins no es la falta de material: hay un tutorial de hora y media por cada compresor que existe. El problema es que ves el vídeo, entiendes lo que dice, y al abrir tu sesión sigues sin saber cuál de los ocho compresores instalados abrir.
Plugin Quest invierte el formato. En vez de explicarte un plugin y esperar que lo recuerdes, te planta un problema y te hace elegir entre herramientas concretas. Se falla, se ve por qué, y a la siguiente esa asociación ya está hecha. Es la diferencia entre saber qué es un 1176 y saber cuándo cogerlo.
Antes de los clásicos concretos hay 7 cartas de familia: qué hace un compresor, un ecualizador, una reverb, un delay, un saturador, una modulación y una utilidad. Ese orden es deliberado. Aprender que el LA-2A es un compresor óptico lento no sirve de nada si aún no tienes claro qué problema resuelve comprimir. Una vez tienes la familia, cada plugin concreto es solo un carácter dentro de ella.
No, y ese es el punto. Lo que se aprende es qué clase de herramienta resuelve cada problema; los nombres propios son ejemplos de carácter. La decisión se traslada igual a los plugins que vengan con tu DAW.
Las 7 cartas de familia y 5 de las 10 de plugin concreto, sin cuenta y en el navegador. Las 5 restantes requieren Pro.
De texto y decisión: describen una situación de mezcla y te piden elegir el procesamiento. Para la parte de oído —reconocer el problema antes de decidir— están EQ Surgeon y Mix & Match.
Plugin Quest pregunta qué herramienta usar; el diagnóstico pregunta qué está pasando. Es el orden real de una sesión: primero nombras el problema, después eliges con qué atacarlo.
El fundamento de las dos familias que más cuestan está en las guías de compresión y ecualización. El carácter que aporta un saturador, en la guía de saturación. Para practicar la decisión completa sobre un problema real, el diagnóstico de mezcla.