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Por Mónica Andrade

Quitar ruido de una grabación: viento, zumbido y hiss sin destrozar la toma

Quitar ruido de una grabación empieza al grabar: de dónde salen el viento, el zumbido de 50/60 Hz y el hiss, cómo evitarlos y cómo limpiarlos en el orden correcto sin llevarte la música por delante.

Tres ruidos, no uno

Cuando una toma tiene ruido, el reflejo es subir un reductor de ruido hasta que deje de oírse. A veces funciona y a veces deja la grabación peor, porque el ruido de una toma casi nunca es una sola cosa. En voz, guitarra o exteriores grabados con una grabadora de mano o con el móvil aparecen sobre todo tres: viento, zumbido eléctrico y hiss.

Los tres se oyen como "ruido", pero se comportan de forma opuesta. El viento es grave y llega a golpes. El zumbido es fijo y está en frecuencias exactas. El hiss es constante y ocupa todo el espectro. Cada uno se quita con una técnica distinta, y la que sirve para uno estropea la música si se usa con otro.

Es un esquema de dónde está cada ruido, no la medida de una toma: los niveles cambian de una grabación a otra, la ubicación no. El viento ocupa una zona, el grave, y se trata por zona. El zumbido son rendijas exactas —50 Hz y sus múltiplos— y se trata rendija a rendija. El hiss está en todas partes a la vez, y por eso es el único que no se puede quitar sin tocar algo de la música.

Viento: turbulencia en la cápsula

El viento que estropea una grabación no es el sonido del viento en los árboles, que es un sonido como cualquier otro. Es el aire chocando contra la cápsula del micrófono y formando remolinos justo encima de ella. Esa turbulencia mueve la membrana directamente, sin pasar por el aire como onda sonora, y por eso llega con muchísima energía: en una toma real de exterior medimos ráfagas que subían el grave entre 20 y 30 dB por encima de la música.

Casi toda esa energía está por debajo de 150 Hz, con una cola que llega hasta los 500 u 800 Hz, y viene a golpes. Suena como un retumbe o como soplar en el micrófono, y además hace bombear a cualquier compresor que venga detrás.

Cómo evitarlo al grabar, de más a menos eficaz:

  • Un peluche ("dead cat") sobre la grabadora. Frena el aire antes de que llegue a la cápsula y es lo único que funciona con viento de verdad.
  • La espuma que viene con la grabadora. Basta para una brisa o para caminar; con viento fuerte se queda corta.
  • Tu cuerpo como pantalla. Ponte de espaldas al viento con la grabadora delante, o busca una pared, un coche o un árbol que corte el aire.
  • El paso-altos de la grabadora, a 80 o 100 Hz. No quita el viento, pero evita que las ráfagas más graves saturen la entrada.
  • Grabar en 32 bits float si tu grabadora lo permite. En la toma de exterior que usamos para calibrar, algunos picos pasaban de 0 dBFS y se recuperaron enteros porque el archivo era float. Protege el archivo, no la cápsula: si el propio micrófono o el previo distorsionan, eso ya no se recupera.

Cómo se quita el viento: lo que dos micros saben

La turbulencia es local: los remolinos que se forman sobre una cápsula no son los mismos que se forman sobre la de al lado. La música, en cambio, es una onda que llega a los dos micrófonos casi a la vez. En un par XY, como el de las grabadoras de mano, esa diferencia se puede medir. En la toma real, la correlación entre los dos canales era de 0,8 en los medios, donde mandaba la música, y prácticamente 0 en los graves durante las ráfagas.

De ahí sale el método. En la zona grave se separan la suma de los dos canales y su diferencia —lo mismo que en el procesado mid/side—. La música está en la suma; el viento, repartido entre las dos. Se descarta la diferencia, que deja los graves en mono, y se resta de la suma la parte que se parece a lo que había en la diferencia. Por encima de unos 800 Hz no se toca nada. Dejar los graves en mono no es una pérdida: es lo que se hace igualmente en una mezcla para que el grave no dependa de la fase entre canales.

Tiene un coste y conviene saberlo. Con la intensidad recomendada, el método quitó de media 16 dB de viento por debajo de 150 Hz, pero el instrumento perdió también entre 3 y 4 dB de grave. Por eso la intensidad importa y por eso hay que comparar: con la toma limpia y la original igualadas en volumen, cambiando de una a otra en el mismo punto. Si el instrumento se queda delgado, esos decibelios se pueden devolver después con un estante grave suave, una vez que el viento ya no está para subir con ellos.

En una toma mono, como la de casi cualquier móvil, no hay segundo micrófono con el que comparar: solo queda un paso-altos que actúe durante las ráfagas, y funciona mucho peor.

Zumbido: 50 o 60 Hz y todos sus armónicos

El zumbido viene de la red eléctrica, que oscila a 50 Hz en Europa y en buena parte de Sudamérica y a 60 Hz en Estados Unidos, México y otra parte de Latinoamérica. Se cuela por bucles de masa, cables mal apantallados, fuentes de alimentación o transformadores cercanos, y nunca llega como un tono puro: llega con sus armónicos, los múltiplos exactos de la fundamental. En los zumbidos reales que analizamos aparecieron entre 45 y 125 armónicos hasta los 8 kHz.

Eso explica por qué cortar 50 Hz no sirve casi de nada: el grave desaparece y sigue sonando un zumbido en los medios, que es justo donde el oído es más sensible. Se quita con un notch muy estrecho en cada armónico, de unos 3 Hz de ancho. Es el mismo filtro de un ecualizador con una Q altísima, repetido decenas de veces. Ensancharlos parece más seguro y es al revés: con cien notches anchos el filtro se come una parte apreciable de la música.

La parte delicada es la precisión. La red no oscila exactamente a 50,00 Hz, y el error se multiplica en cada armónico: 0,03 Hz de error en la fundamental son 0,6 Hz en el armónico 20, suficiente para que un notch de 3 Hz quede al lado del pico en vez de encima. Por eso la fundamental hay que medirla en la propia toma, con precisión de centésimas, y no suponerla.

Aun así queda algo: en un zumbido real, alrededor del 11 % de la energía era ruido pegado a los armónicos, que ningún notch alcanza. Para eso hace falta una segunda etapa de reducción espectral, la misma del hiss.

Un caso aparte es el "buzz" de una guitarra con pastillas de bobina simple. Nace también de la red, pero casi toda su energía está entre 2 y 8 kHz, repartida en tantos armónicos tan juntos que en la práctica se comporta como ruido y no como un peine limpio. Funciona mejor tratarlo como hiss.

Cómo evitarlo al grabar:

  • Conecta todo el equipo a la misma regleta. Dos aparatos enchufados en sitios distintos y unidos por un cable de audio forman un bucle de masa, la causa más común.
  • Usa cables balanceados y cortos, y revisa los que crujen al moverlos: un apantallado roto zumba.
  • Aleja la grabación de transformadores, fuentes de alimentación externas, regletas y reguladores de luz.
  • Con una guitarra de bobina simple, gírate hasta encontrar la orientación en la que menos zumba, y aléjate del ordenador y de la pantalla.
  • Graba diez segundos de "silencio" con todo encendido y escúchalos con auriculares antes de la toma buena.

Hiss: el ruido que se aprende del silencio

El hiss es el soplido de fondo de un previo, de una interfaz con mucha ganancia o de una cinta. Es de banda ancha y casi constante, y precisamente por eso se puede aprender.

La reducción espectral escucha un tramo donde solo hay ruido y apunta cuánto hay en cada banda: la huella del hiss. Después recorre la toma y, en cada instante y cada banda, compara lo que hay con esa huella. Donde el ruido manda sobre la música, lo baja; donde la música lo tapa, lo deja. Esa segunda parte es la clave: quitar hiss mientras suena la música se llevaría el brillo del instrumento con él.

Con dos segundos de silencio para aprender, en nuestras pruebas se quitaron entre 12 y 18 dB de hiss en los silencios, unos 5 dB en las colas de las notas y solo 3 o 4 dB mientras sonaba la música. Esa asimetría es la buena: el hiss se oye en las pausas, no debajo de un rasgueo. Sin ningún silencio del que aprender, la reducción bajó menos de 1 dB.

Pasarse tiene un sonido reconocible, el ruido musical: burbujeo o pitiditos de fondo. Es peor que el hiss original, porque el oído ignora un ruido constante y no uno que cambia.

Para no grabarlo, el remedio es un gain staging correcto: ganancia suficiente en el previo para que la voz o el instrumento queden bien por encima del ruido, sin compensar después una toma demasiado baja subiéndola en la mezcla, que sube el hiss con ella. Y si el ruido viene de la sala —un ordenador, una nevera, el aire acondicionado—, apagarlo durante la toma.

Los tres, de un vistazo

RuidoCómo suenaDe dónde vieneCómo se evitaCómo se limpia
VientoRetumbe a golpes, como soplar en el microTurbulencia sobre la cápsula; < 150 Hz y hasta 800 HzPeluche, espuma, cuerpo como pantalla, paso-altos, 32 bits floatGraves en mono y resta de lo que difiere entre micros (estéreo); paso-altos en ráfagas (mono)
ZumbidoTono grave fijo con armónicos; buzz agudo en bobinas simplesRed de 50 o 60 Hz: bucles de masa, cables, fuentesMisma regleta, cables balanceados, lejos de transformadores, orientar la guitarraNotch de ~3 Hz en cada armónico, con la fundamental medida al céntimo, y reducción espectral para el resto
HissSoplido constante, se oye en las pausasPrevio, interfaz con mucha ganancia, cintaGain staging correcto y 2 s de silencio al empezarReducción espectral con la huella aprendida del silencio

En qué orden y cuánto

Si la toma tiene más de un ruido, el orden importa: primero el zumbido, luego el viento y al final el hiss. El zumbido va primero porque es una señal fija y exacta; si otro proceso lo toca antes, sus picos se deforman y los notches ya no los encuentran. El viento va antes que el hiss porque llega a golpes: si sigue ahí cuando la reducción espectral aprende su huella en los silencios, la aprende como si fuera ruido constante y la aplica a toda la toma.

La cantidad se decide de oído, comparando original y limpia al mismo volumen y en el mismo punto. Escucha las pausas para juzgar el ruido y los pasajes con música para juzgar lo que has perdido. Si la música ha cambiado de carácter, baja la intensidad: un poco de ruido residual se esconde en la mezcla, un instrumento delgado no.

Una toma de voz limpia se procesa después como cualquier otra: la guía de mezclar voces sigue a partir de aquí. Ten en cuenta que la compresión y la saturación suben el nivel de lo más bajo de la señal, y con ello el ruido que quede: lo que en la toma cruda era inaudible puede aparecer después de comprimir 6 dB.

Lo que no tiene arreglo sin IA

Las tres técnicas funcionan porque el ruido se distingue de la música en algo medible: incoherencia entre micros, frecuencias exactas o constancia en el tiempo. Cuando no, no hay filtro que lo separe.

  • La reverb de la habitación: es la propia música repetida y atenuada. Se previene grabando más cerca de la fuente o con mantas y cojines alrededor.
  • Voces, tráfico o pájaros de fondo: tienen la misma estructura que lo que quieres conservar y cambian todo el tiempo.
  • El clipping fuerte: la parte de la onda que se recortó no está en el archivo. Se puede disimular un poco, no recuperar.

Para eso hacen falta modelos entrenados que separan fuentes, con resultados variables. Si se puede repetir la toma en mejores condiciones, casi siempre sale mejor que cualquier limpieza.

Probarlo con tu toma

Todo lo que cuenta esta guía es lo que hace Limpia tu toma: detecta si hay viento, zumbido de 50 o 60 Hz o hiss, los limpia en ese orden y te deja comparar la original y la limpia igualadas en volumen, con tres intensidades. Corre en tu navegador: la toma no sale de tu dispositivo. Si tu grabación no tiene silencios, te lo dirá, y sabrás qué hacer distinto la próxima vez.

Preguntas frecuentes

¿Se puede quitar el viento de un vídeo grabado con el móvil?

Se puede reducir, pero mucho peor que en una grabadora estéreo. El método que mejor funciona compara dos micrófonos: la música les llega casi igual y el viento no. Un móvil graba casi siempre en mono, así que solo queda recortar el grave durante las ráfagas, y eso se lleva también el grave de la voz. Una espuma en el móvil ahorra más que cualquier proceso.

¿Por qué la toma suena acuosa o metálica después de quitar el ruido?

Es ruido musical: la reducción espectral se ha pasado y deja islas sueltas de ruido que aparecen y desaparecen, con un burbujeo o pitiditos de fondo. Baja la intensidad. Unos decibelios de hiss constante molestan menos que un ruido que cambia.

¿Mi zumbido es de 50 o de 60 Hz?

Depende de la red del sitio donde se grabó. Europa, Argentina, Chile, Uruguay, Paraguay y Bolivia usan 50 Hz; Estados Unidos, Canadá, México, Centroamérica, Colombia, Venezuela, Perú, Ecuador y Brasil, 60 Hz. Si dudas, mira un analizador de espectro en un silencio de la toma: el primer pico estrecho del grave estará en 50 o en 60 Hz.

¿Hay que dejar silencio al principio de la grabación?

Sí: dos segundos sin tocar ni cantar. La reducción de hiss y de zumbido aprende la huella del ruido en los tramos sin música. En nuestras pruebas, con dos segundos de silencio el hiss bajó entre 12 y 18 dB en los silencios; sin ningún silencio, menos de 1 dB.

¿Por qué no basta con un paso-altos para quitar el viento?

Porque el viento llega hasta los 500 u 800 Hz, donde está el cuerpo de una guitarra o de una voz. Un paso-altos que llegue hasta ahí deja la toma delgada todo el tiempo, haya ráfaga o no. Al grabar sí sirve: el de 80 o 100 Hz de la grabadora evita que las ráfagas más graves saturen la entrada.