Casi todo el ruido que estropea una toma casera o de exterior es una de tres cosas: viento golpeando el micro, zumbido de la red eléctrica o hiss del previo. Suenan distinto, nacen en sitios distintos y se quitan de formas distintas, así que un único "reductor de ruido" que trate todo igual acaba comiéndose la música. Limpia tu toma detecta cuál de los tres hay en tu archivo, te lo dice y aplica solo lo que hace falta.
Subes la toma y suena ya limpia, sin ajustes previos. Debajo tienes un A/B de 45 segundos para ir y volver entre la original y la limpia sin perder la posición, tres intensidades y un interruptor por cada ruido detectado. Si algo no te convence, lo apagas y comparas otra vez.
El viento no es un sonido que viaja hasta el micro: es turbulencia en la propia cápsula. Por eso se oye como golpes y retumbes graves, casi todo por debajo de 150 Hz, y por eso dos micros que están juntos lo reciben de forma distinta. La música, en cambio, llega prácticamente igual a los dos. En una grabadora estéreo esa diferencia es la pista: la herramienta pone los graves en mono, donde el instrumento se suma y el viento no, y resta lo que solo aparece en un canal.
Tiene un precio y conviene saberlo: donde una ráfaga tapa el grave del instrumento, quitar el viento también baja un poco ese grave, unos 3 o 4 dB de media. Con una voz o un ukelele apenas se nota; con un bajo o una guitarra acústica con mucho cuerpo, la intensidad Suave suele ser la buena. Y hay un límite que nadie puede saltarse: si el viento llegó a saturar la cápsula o el previo, la distorsión ya está grabada.
El zumbido eléctrico es una nota fija a 50 Hz (Europa y gran parte de Latinoamérica) o 60 Hz (Estados Unidos, México y parte de Latinoamérica), más decenas de armónicos encima. Se quita con filtros muy estrechos, de unos 3 Hz, en cada armónico, y para eso hay que conocer la frecuencia exacta: un error de 0,03 Hz en la fundamental son 0,6 Hz en el armónico veinte, y el filtro ya no lo alcanza. La herramienta la mide en los silencios de tu toma, donde el zumbido no está tapado, y luego limpia el resto de ruido pegado a los armónicos que los filtros no pueden quitar.
El hiss es un soplido de banda ancha: el ruido de un previo con mucha ganancia, de una interfaz barata o de una cinta. Para quitarlo sin llevarse el brillo, la herramienta aprende su huella exacta en un tramo donde solo suena el ruido y lo resta allí donde manda sobre la música. Con un par de segundos de silencio en la toma, el hiss baja de 12 a 18 dB en los silencios; sin ellos, apenas se puede tocar sin dañar la música. Si vas a grabar, deja dos segundos antes de empezar: es el truco más barato de todo este proceso.
Mientras suena la música apenas actúa, y es a propósito: ahí el instrumento ya tapa el hiss, y quitarlo se llevaría el aire de la toma. Lo que sí evita que aparezca es grabar con la ganancia bien puesta, que es justo lo que explica la guía de gain staging.
Hay ruidos que no se separan de la música con procesado de señal, por buena que sea la herramienta: la reverb de una habitación, una conversación o el tráfico de fondo, y el clipping fuerte. Comparten tiempo y frecuencias con lo que quieres conservar. Para esos casos la solución sigue siendo volver a grabar, y la herramienta no te va a prometer otra cosa.
Cómo evitar cada uno de estos ruidos al grabar, y por qué se limpian en este orden, lo cuenta la guía para quitar ruido de una grabación.
Si la toma es una voz, después de limpiarla te interesa la guía para mezclar voces; y si notas que le falta cuerpo, la guía de saturación explica cómo devolverle armónicos sin subir el ruido. Para comprobar la mezcla completa, tienes el analizador de mezcla.
No. Todo el análisis y la limpieza se calculan en tu navegador, en tu propio ordenador o móvil. La toma no sale de tu dispositivo en ningún momento, ni siquiera cuando descargas el WAV limpio.
Puedes limpiar una toma al día y escucharla limpia, comparándola con la original, sin pagar ni crear cuenta. Descargar el WAV limpio de 24 bits y limpiar sin límite es parte de Pro.
Si extraes el audio del vídeo, sí, aunque con límites. Casi todos los móviles graban en mono o con micros muy juntos, y el método que mejor funciona necesita dos micros que reciban el viento de forma distinta. En mono se atenúan las ráfagas graves, pero el resultado es más discreto que con una grabadora estéreo.
Porque el viento y el grave del instrumento comparten frecuencias. Cuando una ráfaga tapa una zona del espectro, quitar el viento ahí también baja un poco el instrumento: de media unos 3 o 4 dB de grave. Si tu toma tiene bajo, bombo o una guitarra con mucho cuerpo, prueba la intensidad Suave y compara.
Es el artefacto típico de la reducción de ruido cuando se pasa: el ruido residual se convierte en pequeños destellos. Baja a Suave o desactiva el hiss y deja solo lo que de verdad molesta. Un poco de ruido de fondo suena mucho más natural que un silencio artificial.
WAV, AIFF, FLAC, MP3, M4A y OGG, en mono o estéreo, hasta 10 minutos en el ordenador y 5 en el móvil. La toma limpia sale a la misma frecuencia de muestreo que el WAV o FLAC original.